Cuando llegué a esa finca por primera vez, supe que no estaba buscando una casa. Estaba buscando un hogar. Para ella y su pequeña hija. Rodeadas de naturaleza y tranquilidad. No tuve que visitar ninguna otra.
Una profesional puertorriqueña que vivía en Texas. Años de carrera, de construcción, de vida bien establecida fuera de la isla. Y aun así, el jale de regresar. No a cualquier cosa. A algo suyo, que produjera, que tuviera raíz.
Eso es lo que buscaba cuando llegó a Puerto Rico. No un apartamento. No una urbanización. Tres cuerdas en San Sebastián donde construir su vida de regreso, junto a su hija, rodeadas de la naturaleza del oeste de la isla.
Conectó tanto con la finca que regresó varias veces antes de cerrar. Cada vez con alguien diferente, amistades, personas cercanas, para compartir lo que ya estaba visionando en su mente y en su corazón. Ese terreno no era una compra. Era una decisión.
El proyecto que viene no es solo una casa. Es un hogar y un espacio agrícola. Las tres cuerdas van a producir. Van a alimentar una vida que eligió quedarse.
Esto es lo que significa leer el territorio. No ver lo que el mercado dice que vale. Ver lo que puede ser. Estas tres cuerdas ya son hogar.